Las emisiones de gases de efecto invernadero como por ejemplo el dióxido de carbono
(CO2), el metano (CH4) o el óxido nitroso (N2O) inducen a un aumento en la temperatura
media del planeta que es conocido bajo el nombre de cambio climático. En este marco,
encontramos un elemento susceptible de formar parte de la Deuda Ecológica definida
anteriormente: “la deuda de carbono” que se produce por la utilización masiva que
realizan los países industrializados del servicio ambiental de absorción CO2 por parte de
la atmósfera, la nueva vegetación, los suelos y los océanos.
El mercado de emisiones de dióxido de carbono es una de las medidas establecidas en el protocolo de Kioto para luchar firmemente contra el cambio climático, con el fin de presionar a la industria para que reduzca considerablemente el CO2 con el que contamina la atmósfera.
Una autoridad central establece un límite sobre la cantidad de gases contaminantes que pueden ser emitidos. Las empresas son obligadas a gestionar un número de bonos (también conocidos como derechos o créditos), que representan el derecho a emitir una cantidad determinada de residuos. Las compañías que necesiten aumentar las emisiones por encima de su límite deberán comprar créditos a otras compañías que contaminen por debajo del límite que marca el número de créditos que le ha sido concedido. La transferencia de créditos es entendida como una compra. Con lo cual, el comprador está pagando una cantidad de dinero por contaminar, mientras que el vendedor se ve recompensado por haber logrado reducir sus emisiones.
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